Diro
pintó a Espuma
En una aldea escondida detrás de las montañas,
en dónde la helada brisa marcaba de colores las mejillas de Diro, un niño muy
peculiar; un dinosaurio diminuto era su mascota y se llamaba Espuma. Era tan
pequeño que se perdía en los arbustos y su color plata provocaba que se perdiera cuando era de noche. La única forma de encontrarlo, era que brillaba
cuando se asustaba.
Diro tenía un sueño tan
profundo, que cuando lo conciliaba, no existía ningún poder que pudiera
despertarlo, pero cuando dormía, tenía sueños llenos de miles de colores y
siempre soñaba, que pintaba el mundo con una brocha gigante.
Arco iris marrones,
azules, violetas, celestes, amarillos; nubes escarlatas, verdes, almagres;
lunas bermejas, arena, ámbar; montañas
azul cobalto y rosa coral; soles lirios
y zafiros, pintaba en sus sueños. Cuando Diro despertó, corrió hacia las
montañas y trepó a una nube; miró todo a su alrededor y el pueblo era color
verde y gris blanquecino. Esto decepcionaba al
niño que comenzó a pensar formas
de dar luz y color al mundo que lo rodeaba.
Espuma dormía en la
nube y de repente le dio hipo, empezó a saltar y cayó al piso, rodando por la
hierba, su color plata se convirtió en
turquesa. Diro desesperado corrió hacia su mascota y la recogió; a espuma le
gustó su nuevo color y con un grito comenzó a jugar por todo el prado. A Diro
se le ocurrió una idea. A grandes saltos fue hacia su casa y cogió un bote
grande de pintura carmesí; agitado corría hacia donde estaba espuma. Montaron a
la nube y comenzaron a regar colores sobre todo el pueblo, lo árboles verduscos
cambiaron a color carmesí.
Diro y Espuma cada vez
se emocionaban y fueron a la fábrica de pintura de su tío Mercurio; le contaron
todo, pero su tío se negaba a creer lo que había sucedido, entonces espuma jaló
del pantalón a Mercurio y lo guió hacia el árbol, el tío sorprendido no podía
creer lo que veía y emocionado regaló toda la pintura a su sobrino. Y le ayudó
a construir una brocha gigante; utilizaron madera, y recogieron todas las cerdas
de las escobas de la tienda y unas ligas muy resistentes que sostenía las máquinas para hacer pintura para envolver las cerdas de la brocha.
Regresaron a la nube,
Diro y su mascota sostenían la brocha, la sumergieron en la pintura e iban cambiando
de color las montañas y las pintaron de tomate y violeta, las casas de magenta
y salmón, los ríos de oro, leonado y morado, las aves de azul brandeis y roja
púrpura, el sol, las plantas, un pequeño desierto de amatista y granate, los
animales de escarlata y esmeralda.
Todos los colores
inimaginables del universo pintaban cada rincón del planeta cian, aguamarina, azul aciano, cerúleo, celeste, turquesa, violeta,
azul púrpura, amatista, lirio, morado,
púrpura, púrpura de tiro, violín, entre miles de clores que daban vida al mundo.
Desde ese día el cosmos cambió de color.
Cuando Diro terminó de
pintar el planeta, quería pintar a
espuma y cambiarle de color todos los días. Espuma nació de un dibujo que Diro hizo en su cuaderno y de tanto desear que su dibujo sea real, espuma
apareció tras los arbustos en un día cualquiera. Desde entonces espuma ha
estado en todo momento y en todo lugar junto a Diro. Eran los mejores amigos
del infinito. Jugaban desde que amanecía
hasta que anochecía .
Toda la aldea
destellaba en colores, incluso sus habitantes reían y no sentían malestar
alguno. Había pasado ya mucho tiempo de que Diro y Espuma pintaron todas las
cosas, plantas y animales. Los niños se divertían y gozaban deslizarle en las
montañas de colores, beber agua escarlata, subir a un árbol carmesí, corretear
aun jabalí azul, montar en un caballo turquesa, o tener un perro verde,
cualquier cosa que esté a la imaginación de las personas del pueblo.
Un día las nubes
empezaron a cambiar de color y unas gotas de agua negra cayeron sobre la aldea;
todos los colores comenzaron a desvanecerse y poco a poco el agua se deslizo
por todo los lugares que Diro había pintado y los hermosos matices se esparcieron y se corrieron como un
rio, dejando atrás solo secuelas de los tintes. Todas las personas se alarmaron y perdidos en llanto dejaron
correr sus lágrimas en el rio de colores
que atravesaba el pueblo.
Cuando Diro y espuma se
habían dado cuenta corrieron para ver lo que sucedía; Diro no se dio cuenta que Espuma también estaba perdiendo su color y de pronto empezó a desvanecerse en
el agua. Diro se percató de que espuma no estaba junto a él y empezó a buscarla y no la encontraba por
ningún lugar. Gritó y gritó y no la encontró por ningún lado; estalló el llanto
y con un dolor gigante trepó a un árbol para buscarla y aún así no lo encontró.
Cuando iba caminando
resignado por el rio, alcanzó a ver un objeto blanco entre los colores ya
desgastados y con asombro descubrió que era Espuma. Su mundo se cayó al vació,
todo le daba vueltas y unas ganas profundas de correr y desaparecer se
apropiaron de él. Recogió a su mascota en sus manos y la llevo a una nube para
intentar darle color nuevamente, pero todo fue en vano; Espuma lo había
abandonado en medio de un derroche de color.
Desde ese día nada
volvió a ser igual Diro extrañaba demasiado a su mascota e intentaba que
regrese dibujándola y pintándola de varios colores, pero todos los esfuerzos
era innecesarios jamás pudo volver a revivirla. El pueblo ya no era el mismo
todo era gris y Diro ya no quiso volver a pintar jamás; el mundo y las cosas
quedaron con un poco de color gracias al sol se pudieron conservar y no
oscurecer por completo.
Desde ese entonces Diro
pensaba solo en Espuma y se imaginaba que él estaba ahí, no podía dormir y todas
las noches se levantaba a pintar el mundo, cada amanecer era diferente porque
cada cosa cambiaba de color de un día a otro. Así pasó mucho tiempo y el mundo conservaba de nuevo sus colores
vivos, pero ya no tenía ese brillo especial. Los colores ya no se diluyeron
más, porque las sequias los mantuvieron y así se quedaron impregnados en las
cosas; el mundo era colorido con todos los bellos matices del universo, la
alegría de la gente había vuelto, pero Diro no encontraba completa su felicidad
porque su fiel amigo ya no estaba más con él y la única forma de tener un
recuerdo casi real de Espuma eran sus dibujos diarios en su manchado cuaderno,
pero ni los deseos, ni las esperanzas volvieron a dar vida a su amigo.
FIN
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